Dr. Charles Stanley
"Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela" (Sal 63.1).
Comunicarse
con Dios es siempre una bendición, pues el creyente que pasa tiempo a
solas con el Padre celestial puede esperar grandes recompensas. Por
ejemplo, los salmos del rey David hablan a menudo de la paz de su alma y
de las energías renovadas que experimentaba por su tiempo en la
presencia de Dios. Nuestro espíritu se aquieta con la oración, de modo
que la preocupación y la frustración se mitigan. Cuando el Señor nos
renueva interiormente, podemos sentir que desaparece la tensión de
nuestros músculos. Ni siquiera el poeta David puede explicar cómo
sucede, pero la adoración al Señor resulta en nuevas energías en nuestro
ser.
Y
como si eso no fuera suficiente, nuestras emociones sufren el mismo
efecto. Los domingos después de la predicación, termino agotado. Sin
embargo, he descubierto que la cura perfecta es sentarme con la Palabra,
y pedirle al Señor una renovada sensación de su presencia y de su amor.
A
pesar de las grandes recompensas que resultan de pasar tiempo en la
presencia de Dios, muchos cristianos evitan hacerlo -especialmente
cuando están tratando de ignorar el pecado de sus vidas. Por eso hay que
recordar que el Señor está resuelto a purificar nuestros corazones para
que podamos ser conformados a la imagen de su Hijo.
De
manera que, el deseo de hacer frente a cualquier cosa que ponga
estorbos a nuestra conexión con el Padre celestial, llevará a una
relación personal más íntima con Él, y traerá muchas otras bendiciones.
El tiempo invertido en su presencia siempre es recompensado.
A pasar mas tiempo con Dios, es necesario...
Dios bendiga tu vida con gracia y paz
Pr. Dolreich Artigas
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