Dr. Charles Stanley
Leer | Romanos 8.29, 30
"Porque
a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos
conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre
muchos hermanos" (Romanos 8.29).
Ayer
vimos cómo el Señor maneja nuestras circunstancias para enseñarnos a
ser humildes. Al hacerlo, revela lo dependientes que somos de Él, y
elimina al ídolo que hacemos de nuestros esfuerzos en la búsqueda de
santidad. También es su forma de llevar a cabo algunos de sus planes
para nuestra vida.
El
Padre celestial tiene más en mente que simplemente poner al descubierto
la debilidad de nuestra carne -eso es, simplemente, un medio para
lograr algo más grande. Él desea exhibirnos por toda la eternidad como
ejemplos de su gracia y su misericordia. Quiere que los ángeles vean el
cuerpo de Cristo, y sientan reverente admiración ante esta deslumbrante
demostración de su obra.
¿Hay
alguna manera de entender el alcance total de los designios de Dios
para nuestra vida? ¿Qué hay que hacer para que podamos vivir en la
plenitud de todo lo que Él se propone para sus hijos?
No
tenemos las respuestas a estas preguntas. Por consiguiente, se nos hace
difícil entender por qué Dios permite, a veces, que fracasemos. Si
solamente pudiéramos ver el glorioso producto final que Él tiene en
mente, abandonaríamos de buena gana nuestros esfuerzos, y nos
rendiríamos a su poder transformador. Pero, en cambio, nos empeñamos
muchas veces en hacer las cosas a nuestra manera. Mientras mantengamos
esa manera de pensar, Dios permitirá que fracasemos.
Hay
una manera mejor que consiste simplemente en vivir por fe, confiando
cada momento del día en que el Espíritu Santo que está en nosotros nos
conformará a la imagen del Hijo de Dios, Jesucristo.
DIOS BENDIGA TU VIDA CON GRACIA Y PAZ
Pr. DOLREICH ARTIGAS
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