Dr. Charles Stanley
"¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío" (Sal 42.11).
El
Señor quiere que tengamos deseos y expectativas que nos motiven y
enriquezcan. Pero en este mundo caído, la desilusión por algunos sueños
frustrados es inevitable. ¿Cómo podemos saber adónde poner nuestra
esperanza, y cómo responder en caso de que no se haga realidad?
La
esperanza es segura cuando está alineada con los deseos de Dios que se
encuentran en la Biblia. Sin embargo, nuestras expectativas se basan,
por lo general, en deseos, sentimientos y preferencias personales;
anhelamos ser promovidos en el trabajo, tener buena salud o encontrar
soluciones rápidas a los problemas. Estos deseos pueden ser buenos, pero
no tenemos ninguna garantía de que sean parte de la voluntad de Dios
para con nosotros.
Podemos
llegar a desilusionarnos cada vez que nuestras expectativas no
coinciden con el plan de Dios. Aun cuando la esperanza esté basada en
una promesa bíblica, es posible que el Señor no la cumpla de la manera o
en el momento que queramos. Aunque parezca que Dios no está haciendo
nada, Él está preparándonos para el futuro.
La
clave para tener contentamiento y gozo radica en poner todos nuestros
sueños bajo nuestra esperanza absoluta en el Señor. No olvide que Dios
es soberano y misericordioso; y quiere siempre lo mejor para nosotros.
Algunas
veces, Dios tiene que frustrar nuestras esperanzas para darnos lo que
Él sabe que es mejor. Pídale que aclare y oriente sus deseos para que
coincidan con su voluntad. Luego, descanse en su bondad y mantenga su
esperanza en Él.
DIOS BENDIGA TU VIDA CON GRACIA Y PAZ
Pr. DOLREICH ARTIGAS
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